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Ley Seca
Desde que fumar está prohibido
fuman las madres con el bebé en el cochecito
un escándalo entre chupete y chupete.
Fuman los padres y los nenitos.
Fuman, los que fumando esperan.
Hay una línea difusa entre lo salubre y lo insalubre.
Es de agradecer que los misiles no lleven
un cartel que diga: Prohibido matar.
Quizá sea por que la humanidad
encuentre algún refugio.
Desde que fumar entró en las leyes de lo prohibido
las tabacaleras tienen reservados
para el opio del pueblo hard o light.
Fuman los que desean acortar la vida.
Fuman los que desean provocar a la muerte.
Y fumando esperan, porque entre lo salubre
y lo insalubre hay una línea difusa,
pero, convención de convenciones,
se parece al meridiano que cruza
las cabezas de los ingleses,
aunque no sientan a simple vista la precisión
abstracta de la geometría sobre Vivaldi.
A simple corazón llevan una estrella roja
en los pulmones hacia Treblinca.
El día universal comienza a medianoche
en Greenwich*, gritan desde el suburbio.
Los días náuticos y astronómicos
comienzan también a medianoche,
dicen los pececillos raquíticos del Támesis.
Como no son cuatro las dimensiones
(las supercuerdas teorizan hasta once,
por hallar matemático lo impreciso)
sino que aletea una mariposa del caos
en cualquier súbita primavera en pleno otoño.
Y así los amantes y las perdices comprenden
que la ley es seca. Una liana, difusa.
Verónica Pedemonte
* Es deseable adoptar un único meridiano de referencia que reemplace los numerosos existentes (conferencia de Washington, 1884).
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